CANADÁ, 2025
TÍTULO ORIGINAL: Dead Lover
IMDB: https://www.imdb.com/es-es/title/tt27378311/90490/
VALORACIÓN: 5/10
AMOR, MUERTE Y APESTOSA PUTREFACCIÓN
Hay películas que necesitan cinco minutos para atraparte. Otras, diez. Y luego está Dead Lover, que necesita que hagas un ejercicio de fe, paciencia y, probablemente, desconexión temporal de tu cerebro para intentar entrar en su particular universo.
Dirigida, escrita y protagonizada por Grace Glowicki, nos presenta a una solitaria sepulturera cuyo cuerpo desprende un intenso olor a carne muerta y putrefacción que, como cualquier persona con unas expectativas románticas mínimamente razonables, sueña con encontrar al amor de su vida. Y cuando por fin aparece ese príncipe azul, el romance se va literalmente a la mierda cuando el buen hombre acaba ahogado en el mar. ¿Solución? Resucitarlo.
A partir de ahí, Glowicki se lanza de cabeza a una especie de Frankenstein pasado por una trituradora de comedia absurda, romance gótico, body horror y teatro experimental. Una propuesta que, sobre el papel, tiene todos los ingredientes para convertirse en una de esas marcianadas que nos hacen sacar el sombrero y exclamar un sonoro ¡¿pero qué cojones acabamos de ver?!.
El problema es que, en nuestro caso, ese momento tardó demasiado en llegar. Nos ha costado una barbaridad entrar en su propuesta. Su tono, su puesta en escena y ese aire deliberadamente artesanal y teatral nos han descolocado desde el primer minuto. La película abraza sin ningún tipo de complejo una estética que parece el ensayo de una compañía de teatro amateur con un presupuesto de 30 euros, y aunque somos muy partidarios de que el cine de género se ensucie las manos, aquí la apuesta nos ha resultado más desconcertante que estimulante.
Y ojo, porque una vez aceptas, o directamente te resignas, a lo que estás viendo, es imposible no reconocerle el mérito a Glowicki por haber apostado por algo tan absolutamente peculiar. Dead Lover no parece preocupada en ningún momento por agradar al espectador convencional. Al contrario, se dedica a retorcer el romance, abrazar lo grotesco y llenar la pantalla de situaciones absurdas, chistes sexuales y decisiones narrativas que parecen surgir de una mente que ha pasado demasiadas horas encerrada en un cementerio. Y eso, qué demonios, tiene su encanto.
Además, la película apuesta por una estética marcadamente artificial y artesanal, rodada en 16 mm y con decorados y elementos visuales que refuerzan esa sensación de estar asistiendo a una representación teatral completamente desquiciada. Una decisión coherente con una película que quiere ser antes una experiencia sensorial y surrealista que una historia convencional.
Pero una cosa es reconocer el riesgo y otra muy distinta disfrutar del viaje. Y nosotros, por mucho que intentásemos dejarnos llevar por sus cadáveres, sus experimentos de resurrección, sus situaciones sexuales y su desatada imaginación, nunca terminamos de conectar con la propuesta. Lo que para algunos será una maravillosa locura de espíritu underground, a nosotros se nos hizo bola prácticamente desde el comienzo.
Dead Lover es de esas películas que agradecemos que existan. Porque hace falta gente dispuesta a coger el cine de género, meterlo en una batidora y ver qué demonios sale de ahí. Pero también es de esas películas que nos recuerdan que la originalidad, por sí sola, no garantiza que vayamos a pasarlo bien.
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