SLIDER

10/10/25

EL ÚLTIMO BLOG A LA IZQUIERDA... DE SITGES - ALPHA



FRANCIA, BÉLGICA, 2025


TÍTULO ORIGINAL: Alpha
DIRECTOR: Julia Ducournau
GUION: Julia Ducournau
REPARTO: Tahar Rahim, Golshifteh Farahani, Mélissa Boros
DURACIÓN: 128 minutos

LA CONSAGRACIÓN DE DUCOURNAU


Julia Ducournau vuelve a poner el cuerpo en el centro del horror. Después de convertirlo en un campo de batalla metálico, sexual y mutante en Titane, la directora francesa baja el volumen de la monstruosidad para adentrarse en un territorio mucho más íntimo y doloroso. En Alpha, el cuerpo ya no es tanto una máquina que se transforma como una herida abierta: un lugar donde se manifiestan el miedo, la enfermedad, la pérdida y todos esos fantasmas que creíamos haber enterrado.

Y hay algo especialmente incómodo en el viaje que propone Ducournau para quienes crecimos en barrios humildes durante los años ochenta. Porque aunque Alpha pueda parecer, a primera vista, una película de género de enorme sofisticación visual, bajo su piel late algo mucho más reconocible. La drogadicción, el miedo al contagio y esa enfermedad silenciosa que durante años se llevó por delante vidas enteras forman parte de un imaginario que para muchos no pertenece a la ficción, sino a un pasado demasiado cercano. Un trauma colectivo que la película recupera sin necesidad de convertirlo en una lección de historia.


Ducournau vuelve a demostrar que sabe filmar el cuerpo como pocas directoras contemporáneas. La textura de las imágenes, la fotografía, el trabajo sonoro y unas interpretaciones cargadas de fisicidad construyen una atmósfera densa, casi pegajosa, donde cada gesto parece esconder una amenaza. Hay una belleza enfermiza en sus imágenes y una sensibilidad que consigue que incluso los momentos más dolorosos tengan una potencia visual apabullante.

Pero también es ahí donde Alpha empieza a mostrar sus costuras.

Porque bajo tanto envoltorio hay un mensaje que, pese a todos los esfuerzos de la directora por envolverlo en capas de simbolismo, termina resultando bastante más evidente de lo que quizá pretende. Ducournau parece empeñada en que cada imagen, cada transformación y cada elemento de la puesta en escena tenga una lectura adicional, y en ocasiones la película acaba subrayando aquello que ya había conseguido transmitir de forma mucho más efectiva a través de sus personajes.


Y cuando llega ese último tercio que debería llevarnos directamente a la catarsis, Alpha comienza a perderse en su propia simbología. Lo que hasta entonces funcionaba como una corriente subterránea se convierte progresivamente en un discurso más explícito, haciendo que parte de la emoción acumulada se diluya entre metáforas que buscan desesperadamente dejar huella.

Aun así, sería injusto quedarse únicamente con sus excesos. Porque Alpha es una película que se siente. Se siente en la piel, en el miedo al cuerpo enfermo, en los recuerdos que despierta y en esa sensación de estar contemplando algo que pertenece tanto al género como a una memoria personal y colectiva. Ducournau vuelve a demostrar que el horror puede nacer de lugares mucho más cercanos que un monstruo o una criatura sobrenatural: basta con mirar nuestro propio cuerpo y recordar que, en ocasiones, no hay nada más aterrador que aquello que puede dejar de funcionar dentro de él.

Puede que Alpha no alcance la precisión quirúrgica de Titane y que su ambición simbólica termine jugando en su contra, pero sigue siendo una propuesta visualmente fascinante, emocionalmente poderosa y con suficiente mala leche como para recordarnos por qué nos gusta tanto que el cine de género se atreva a mirar allí donde otros prefieren apartar la mirada.

No hay comentarios: