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11/10/25

EL ÚLTIMO BLOG A LA IZQUIERDA... DE SITGES - DEATH OF A UNICORN



ESTADOS UNIDOS, 2025


TÍTULO ORIGINAL: Death of a Unicorn
DIRECTOR: Alex Scharfman
GUION: Alex Scharfman
REPARTO: Jenna Ortega, Paul Rudd, Will Poulter
DURACIÓN: 108 minutos

LOS UNICORNIOS COMO CURA


Hay pocas criaturas más asociadas a la pureza, la magia y la inocencia que un unicornio. Así que, era cuestión de tiempo que alguien decidiera coger uno, atropellarlo y convertir su cadáver en una oportunidad de negocio. Porque si algo nos ha enseñado la humanidad a lo largo de los siglos es que, ante cualquier maravilla de la naturaleza, siempre habrá alguien dispuesto a preguntarse cuánto puede sacar por ella.

La idea tiene su aquel. ¿Qué ocurriría si los unicornios existieran realmente y descubriéramos que pueden curar enfermedades, alargar la vida o proporcionarnos cualquier otra ventaja que el dinero pueda comprar? Pues que probablemente no tardaríamos ni cinco minutos en despellejarlos para venderlos al mejor postor. Death of a Unicorn utiliza así a estas criaturas mitológicas como una metáfora bastante evidente, pero no por ello menos efectiva, de nuestra capacidad para convertir cualquier cosa hermosa en una mercancía.

El problema es que la película quiere ser demasiadas cosas a la vez. Tenemos sátira anticapitalista, humor negro, drama familiar, aventura fantástica, criaturas mitológicas, crítica social y, por supuesto, sangre. Mucha sangre. El cóctel resulta atractivo sobre el papel, pero la película no termina de encontrar el equilibrio necesario para que todos sus ingredientes funcionen con la misma intensidad.


Y es una lástima, porque cuando Death of a Unicorn se deja llevar por su lado más salvaje es cuando realmente consigue sacarnos una sonrisa. Hay situaciones deliciosamente absurdas, momentos de violencia bastante disfrutables y una criatura que, pese a toda la imaginería de arcoíris y purpurina que gira a su alrededor, demuestra que puede ser mucho más cabrona de lo que cabría imaginar. El contraste entre la fantasía más luminosa y la brutalidad de lo que ocurre alrededor de ella es, sin duda, uno de sus mayores atractivos.

También funciona su retrato de una élite capaz de justificar cualquier barbaridad si detrás hay suficiente dinero. El unicornio deja de ser una criatura mágica para convertirse en un recurso, en una patente, en un producto milagroso. Y ahí la película dispara contra una diana tan grande que resulta prácticamente imposible fallar, la sociedad que tenemos montada es perfectamente capaz de destruir aquello que considera extraordinario en cuanto descubre que puede obtener beneficios de ello, la codicia humana es superior a todo lo demás.

Como hemos comentado, Death of a Unicorn dispara en demasiadas direcciones y no siempre acierta. Su humor no termina de ser tan corrosivo como pretende, su crítica social podría haber mordido bastante más fuerte y su vertiente fantástica tampoco alcanza todo el potencial que prometía esa premisa tan demencial. Es una película que parece estar constantemente a punto de convertirse en algo mucho más divertido, más salvaje y más cabrón, pero que acaba frenándose justo cuando debería pisar el acelerador.

Eso no significa que no haya diversión. La hay. Y bastante. Porque incluso cuando la sátira se queda en la superficie, siempre queda esa maravillosa sensación de estar viendo una película en la que alguien decidió que los unicornios podían ser utilizados para hablar de capitalismo, explotación y avaricia y, de paso, llenarlo todo de vísceras.

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