REINO UNIDO, 2025
TÍTULO ORIGINAL: Crushed
IMDB: https://www.imdb.com/es-es/title/tt35677630/90490/
VALORACIÓN: 6/10
FUCKING CRUSH MOVIES
Hasta la fecha desconocíamos la existencia de las llamadas crush movies y, sinceramente, podríamos haber seguido viviendo perfectamente sin conocerlas. Simon Rumley se mete de lleno en un terreno especialmente pantanoso al abordar una historia en la que se cruzan secuestros, pederastia y fanatismo religioso. Un cóctel de horrores que podría haber desembocado fácilmente en el puro exploitation, pero que el director de Crushed decide llevar por un camino bastante más incómodo, el de la fe, el perdón y los límites, si es que existen, de la redención cuando nos encontramos ante algo que debería resultar sencillamente imperdonable.
Y ahí es donde la película consigue clavarnos la mirada. Rumley evita regodearse en lo explícito y deja buena parte del horror fuera de campo, pero eso no significa que nos ahorre el mal trago. Más bien al contrario. Hay algo particularmente perturbador en aquello que nuestra imaginación completa por sí sola, y sabe aprovecharlo para generar una incomodidad que no depende de la sangre ni de mostrar aquello que preferiríamos no ver.
Estamos ante una película áspera, desagradable y cargada de dilemas morales. De esas que no terminan cuando aparecen los créditos, porque se quedan dando vueltas en la cabeza mientras uno intenta responder preguntas que, en realidad, preferiría no haberse planteado nunca. ¿Hasta dónde puede llegar el perdón? ¿Existe la redención ante determinados actos? ¿Qué ocurre cuando la fe se convierte en una herramienta para justificar lo injustificable?
Crushed no pretende ofrecer respuestas sencillas, y probablemente ahí reside buena parte de su interés. No es un film fácil ni especialmente amable con el espectador, pero tampoco busca convertir sus atrocidades en un espectáculo morboso. Lo que hace es enfrentarnos a una oscuridad mucho más cercana de lo que nos gustaría admitir, a ese underground de perversión y monstruosidad que no siempre se encuentra en lugares remotos o en las profundidades del infierno, sino que puede estar perfectamente en la puerta de al lado.
Un incómodo ejercicio de fe y perdón ante lo imperdonable, que deja un regusto amargo y la desagradable sensación de haber mirado demasiado cerca aquello que preferíamos mantener en la oscuridad.
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