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12/10/25

EL ÚLTIMO BLOG A LA IZQUIERDA... DE SITGES - GOOD BOY


ESTADOS UNIDOS, 2025


TÍTULO ORIGINAL: Good Boy
DIRECTOR: Ben Leonberg
GUION: Alex Cannon, Ben Leonberg 
REPARTO: Indy, Shane Jensen, Arielle Friedman
DURACIÓN: 72 minutos

INDIE, LA ESTRELLA DE SITGES 2025



Llegaba a Sitges como una de las grandes promesas del terror del año y, afortunadamente, Good Boy no son muchos ladridos y pocas nueces. Ben Leonberg se marca un experimento tan sencillo sobre el papel como efectivo en la práctica, contarnos una historia de terror desde la perspectiva de un perro.

Y aquí está la gracia del invento. La cámara se coloca prácticamente a ras de suelo y nos obliga a compartir el punto de vista de nuestro peludo protagonista, siguiendo cada uno de sus movimientos, sus carreras y, sobre todo, sus temores. Leonberg consigue que aquello que normalmente damos por sentado, un ruido al otro lado de una puerta, una sombra en la oscuridad, algo que se mueve cuando no debería hacerlo, adquiera una dimensión completamente diferente. No sabemos qué está ocurriendo, pero tampoco lo sabe nuestro perro. Y si él tiene miedo, nosotros tenemos miedo con él.

La película juega con nuestros sentidos y convierte la casa en un espacio hostil. Aquí no necesitamos grandes despliegues ni una colección de sustos cada cinco minutos. Good Boy prefiere cocinar el terror a fuego lento, utilizando la atmósfera, el silencio, los sonidos y una tensión que va creciendo poco a poco. El resultado es un ejercicio de suspense que consigue mantenernos alerta incluso cuando aparentemente no está pasando nada.

Pero si hay algo que hace que la propuesta funcione especialmente bien es la relación entre el animal y su dueño. Porque detrás del experimento formal y de la premisa sobrenatural existe una historia de lealtad, dependencia y vínculo emocional que consigue que empaticemos completamente con el protagonista. Y claro, cuando el sufrimiento de un animal entra en juego, nuestro instinto protector se dispara automáticamente.

Leonberg demuestra además una notable capacidad para aprovechar las limitaciones de su planteamiento. Al estar prácticamente pegados al suelo, nuestra visión queda tan limitada como la del propio perro, convirtiendo cada rincón oscuro, cada pasillo y cada puerta entreabierta en una potencial amenaza. No ver también es una forma de tener miedo, y la película sabe explotarlo con inteligencia.

Puede que quienes busquen una montaña rusa de sustos, gore y vísceras tengan que esperar un poco más, pero quienes disfruten del terror atmosférico encontrarán aquí una propuesta diferente, arriesgada y tremendamente efectiva. Una de esas películas que consiguen algo tan complicado como hacernos experimentar el género desde una perspectiva que nunca antes habíamos imaginado.

Porque después de Good Boy, quizá la próxima vez que nuestro perro se quede mirando fijamente hacia una esquina vacía de la habitación no deberíamos preguntarnos qué está viendo. Quizá deberíamos salir corriendo.

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