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11/10/25

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JAPÓN, 2025


TÍTULO ORIGINAL: Jigen o koeru
DIRECTOR: Toshiaki Toyoda
GUION: Toshiaki Toyoda
REPARTO: Yosuke Kubozuka, Ryuhei Matsuda, Chihara Jr.
DURACIÓN: 97 minutos

UN VIAJE CON DEMASIADAS ESCALAS 



Trascender a otra dimensión es exactamente lo que hemos hecho al enfrentarnos a Transcending Dimensions… ¡a las ocho de la mañana! Y quizá ese detalle no sea menor, porque la nueva experiencia lisérgica de Nobuhiko Toyoda parece diseñada para ponernos a prueba antes incluso de que el cerebro haya terminado de arrancar.

Aquí no hemos venido a buscar una narrativa convencional, ni mucho menos que alguien nos coja de la mano y nos explique qué demonios está pasando. Toyoda nos lanza directamente a un viaje donde el misticismo, las dimensiones paralelas, los viajes cósmicos, la reencarnación y hasta los gurús amputadores de dedos se dan la mano en una experiencia tan hipnótica como surrealista. Y también, para qué vamos a engañarnos, bastante confusa.


Transcending Dimensions es de esas películas que parecen empeñadas en demostrar que el cine fantástico no tiene por qué responder a nuestras preguntas. El problema es que, en este caso, llega un momento en el que empiezan a surgir demasiadas preguntas y muy pocas ganas por parte de la película de contestarlas. Su propuesta se mueve constantemente entre lo espiritual, lo cósmico y lo psicodélico, construyendo un universo extraño y fascinante que, sin embargo, puede terminar resultando tan difícil de descifrar como un mensaje enviado desde otra dimensión.

Y si algo queda claro es que Toyoda tiene una enorme confianza en el poder de las imágenes y los sonidos. Su película entra por los ojos y los oídos antes que por la cabeza, con una puesta en escena ambiciosa y una atmósfera que apuesta decididamente por la experimentación. Hay momentos en los que resulta imposible no dejarse arrastrar por ese torrente de estímulos, por esa sensación de estar contemplando algo que pretende llevarnos mucho más allá de nuestra realidad cotidiana.


El problema llega cuando toca buscar una historia detrás de semejante despliegue sensorial. Porque aunque la reencarnación y la trascendencia espiritual parezcan ser el eje sobre el que gira la propuesta, la narración se pierde entre sus propias dimensiones, conceptos y delirios. Lo que podría haber sido un viaje fascinante hacia lo desconocido acaba siendo, por momentos, un viaje en el que uno mira el reloj preguntándose si la película también tiene pensado regresar a nuestra dimensión.

En definitiva, estamos ante una película que funciona mucho mejor como experiencia sensorial que como relato sobre la reencarnación. Visualmente atrevida, sonoramente poderosa y repleta de ideas que podrían dar para un auténtico viaje cósmico, pero también narrativa y estructuralmente caótica. Quizá la próxima vez probemos a verla después de desayunar. O directamente después de haber trascendido.

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