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15/10/25

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ESTADOS UNIDOS, 2025


TÍTULO ORIGINAL: Fucktoys
DIRECTOR: Annapurna Sriram
GUION: Annapurna Sriram
REPARTO: Annapurna Sriram, Sadie Scott, François Arnaud
DURACIÓN: 108 minutos

1000 DOLARES Y UN CORDERO



Rodada en 16mm, con una fotografía cargada de grano, texturas densas y una estética camp que abraza sin complejos lo grotesco, Fucktoys entra por los ojos antes incluso de que sepamos muy bien qué demonios está pasando. Sucia, sensual, sudorosa y visualmente hipnótica, construye un universo en el que la sordidez se convierte en parte fundamental de su encanto.

La historia nos presenta a una trabajadora sexual que descubre que está maldita y que, para romper el hechizo, necesita reunir 1000 dólares y conseguir un cordero. Porque si algo nos ha enseñado el cine de género es que cuando tu solución a una maldición pasa por conseguir dinero y ganado, probablemente las cosas no van a acabar demasiado bien.

A partir de ahí, Fucktoys se sumerge de lleno en una especie de descenso a los infiernos a través de moteles, cuerpos, sexo, sudor y desesperación. La película no se corta a la hora de retratar la prostitución ni los espacios donde el sexo de pago es la razón de existir, y lo hace desde una mirada que combina lo grotesco, lo provocador y lo sensual. En medio de toda esta mugre destaca una protagonista carismática y magnética, capaz de mantenernos enganchados incluso cuando la película decide llevarnos por sus caminos más turbios.

Y precisamente ahí es donde encontramos uno de sus principales problemas. Cae en una tendencia que empieza a resultar demasiado habitual dentro de cierto cine de género combativo, la de convertir a prácticamente todos los hombres en malvados, imbéciles o una mezcla de ambas cosas. Una simplificación que puede funcionar como arma satírica, pero que a estas alturas empieza a sentirse bastante gastada y resta algo de mordiente a un discurso que podría resultar mucho más interesante si escapase de blancos y negros tan evidentes.

Aun así, hay que reconocerle personalidad, actitud y una estética que consigue que incluso sus excesos tengan algo que decir. Es una película que prefiere revolcarse en la mugre antes que lavarse la cara para resultar más cómoda, y eso, siempre es algo que agradecemos.

No termina de convencernos todo lo que propone, pero al menos no podemos acusarla de pasar desapercibida. Y en un panorama cada vez más lleno de películas clónicas, que una cinta consiga ser así de sucia, extraña y visualmente estimulante ya es motivo suficiente para echarle un vistazo.

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