ESTADOS UNIDOS, 2024
TÍTULO ORIGINAL: It Ends
CARRETERA HACIA ADELANTE
Hay viajes que empiezan como una despedida, o como un inicio, y terminan convirtiéndose en una pesadilla de la que no existe salida.
En su debut, Alexander Ullom nos propone un inquietante viaje en compañía de cuatro amigos recién graduados que deciden pasar una última noche juntos antes de que sus caminos se separen. El problema es que, cuando se ponen al volante, la carretera parece haberse convertido en un bucle infinito, no hay desvíos, no hay posibilidad de detenerse y, por supuesto, tampoco parece haber un destino al que llegar.
Con una premisa sencilla pero tremendamente sugerente, It Ends utiliza el terror como vehículo para hablar del miedo a crecer, a tomar decisiones y, sobre todo, a enfrentarse a ese momento de la vida en el que ya no existe la posibilidad de volver atrás. La carretera se convierte así en una metáfora bastante evidente, pero efectiva, de una generación que se encuentra ante un futuro incierto y ante la obligación de seguir avanzando aunque no tenga ni idea de hacia dónde.
Ullom combina el terror físico con un existencialismo emocional que funciona especialmente bien cuando la película abraza su vertiente más incómoda y desoladora. Aquí no encontraremos una sucesión de sustos baratos ni la necesidad constante de explicarnos qué está pasando. It Ends prefiere crear una atmósfera opresiva, hipnótica y progresivamente desesperante, jugando con esa sensación de estar atrapado en un lugar del que no existe escapatoria.
Su apuesta minimalista es, al mismo tiempo, una de sus mayores virtudes y una de sus principales limitaciones. Cuando consigue transmitir la angustia de lo inevitable, la película resulta poderosa; cuando se recrea demasiado en su propia metáfora, el viaje puede hacerse algo más cuesta arriba y con curvas de lo deseable. Aun así, Ullom demuestra en su primer largometraje que tiene bastante claro qué clase de terror quiere hacer. Un terror más preocupado por la ansiedad, la incertidumbre y el miedo al futuro que por hacer saltar al espectador de la butaca.
Porque a veces la peor carretera no es la que no tiene salida, sino aquella en la que solo tienes que seguir avanzando.
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