CANADÁ, 2025
TÍTULO ORIGINAL: Camp
IMDB: https://www.imdb.com/es-es/title/tt38226226/90490/
VALORACIÓN: 4/10
MUCHO TRAUMA, MUCHA ESTÉTICA, POCA CHICHA
Los campamentos de verano prometen amistad, diversión, noches alrededor de una hoguera y muchos de ellos juerga y desenfreno. Pero no estamos en el campamento de Meatballs, estamos en un campamento cristianos para jóvenes con problemas, donde lo que se cuece entre árboles, rezos y traumas parece bastante más turbio. Camp tiene un interesante punto de partida, una joven cargada de heridas del pasado decide convertirse en monitora de uno de estos campamentos y, entre dinámicas de grupo, nuevas amistades y alguna que otra incursión en la brujería, busca una redención que quizá ni siquiera sabe que necesita.
Sobre el papel, tenemos pérdida, trauma, sororidad, misticismo y brujería. Ingredientes más que suficientes para para encender la llama de la hoguera y que nos abrasen las llamas. El problema es que Camp parece empeñada en no querer encender el fuego.
La película deambula por sus temas con una solemnidad casi religiosa, cargando cada mirada, cada símbolo y cada conversación de una trascendencia que rara vez consigue traspasar la pantalla. Hay una atmósfera conseguida, cierto gusto por lo misterioso y algunos momentos en los que parece que estamos a punto de entrar en un terreno mucho más oscuro y perturbador. Pero ese momento nunca termina de llegar.
Y ahí está el principal problema. Camp quiere ser profunda, mística y sobre todo cool antes de haberse ganado el derecho a serlo. Sus símbolos parecen colocados estratégicamente para que el espectador encuentre un significado oculto donde, en demasiadas ocasiones, solo hay humo. La brujería funciona más como decoración conceptual que como auténtico motor narrativo, mientras que el trauma y la pérdida se convierten en piezas de un puzle que la película nunca termina de ensamblar.
Tampoco ayuda un ritmo que avanza a velocidad de retiro espiritual. Su tono contemplativo podría haber servido para construir una sensación de amenaza soterrada, pero termina resultando anestesiante. Cuando una película quiere hablar de heridas emocionales, amistad femenina y fuerzas sobrenaturales, esperamos que alguna de esas cosas nos agarre por las entrañas. En cambio, parece demasiado ocupada mirándose al espejo y preguntándose si está quedando lo suficientemente interesante.
Hay buenas intenciones, una atmósfera que apunta maneras y una historia que, en otras manos o con un poco más de riesgo por la historia y no por lo estético, podría haber dado bastante juego. Pero entre tanta simbología, tanta solemnidad y tanto silencio trascendental, se nos escapa lo más importante, el alma.
Camp quiere hablarnos de redención y de encontrar una familia entre quienes comparten nuestras heridas, pero su discurso termina tan perdido como una monitora sin brújula en mitad del bosque. Mucho humo místico, poca hoguera.
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