JAPÓN, 2025
TÍTULO ORIGINAL: The Curse
EL J-HORROR DE CADA AÑO
Kenichi Ugana actualiza el J-Horror para trasladarlo a uno de los grandes canales de distribución de nuestros tiempos, las redes sociales. Porque si antes una maldición podía propagarse a través de una cinta de vídeo, una fotografía o una llamada telefónica, ahora basta con compartir el contenido adecuado para que el horror se vuelva viral.
Con esta premisa, The Curse mezcla el terror japonés con elementos del folklore taiwanés y una puesta en escena que parece empeñada en no dejar respirar al espectador. Ugana busca el susto constantemente, llenando cada plano de detalles, presencias y pequeños estímulos destinados a mantenernos en alerta. El problema es que tanta insistencia acaba jugando en su contra, cuando todo quiere inquietar, llega un momento en que la tensión se desgasta y el mecanismo deja de resultar tan efectivo.
Curiosamente, lo que más nos inquieta no es tanto la presencia sobrenatural como todo aquello que rodea al ritual. Hay algo mucho más perturbador en la forma en que se construye y se transmite la maldición que en el propio espíritu maligno, que por momentos termina pareciendo una parodia involuntaria de algunos de los lugares comunes más reconocibles del género.
Aun así, The Curse tiene suficientes elementos de terror como para resultar una experiencia satisfactoria. Su imaginario, su mezcla cultural y ese empeño constante por jugar con nuestros nervios consiguen que, incluso cuando el conjunto se pasa de rosca, siempre haya algo interesante que rascar.
No estamos ante una nueva joya del J-Horror, pero sí ante una propuesta que entiende perfectamente los códigos del género y trata de llevarlos a un terreno contemporáneo. A veces asusta, otras se pasa de frenada y en algún momento incluso roza el ridículo, pero la maldición consigue propagarse.
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