REINO UNIDO, 2025
TÍTULO ORIGINAL: Bulk
BEN WHEATLEY DIY
Mientras recogía el premio Máquina del Tiempo, el propio Wheatley ya nos avisó: «Es rara de cojones». Y vaya si tenía razón el jodido.
Bulk es ciencia ficción experimental en su versión más low cost, una marcianada de dimensiones alternativas donde cuatro personajes clonados hasta la saciedad campan a sus anchas entre maquetas, decorados de cartón piedra y escenarios que parecen sacados de la función de fin de curso de un colegio con demasiada imaginación y muy poco presupuesto.
Pero precisamente ahí está parte de su encanto. Abraza su cutrez sin ningún tipo de complejo y convierte sus limitaciones en una auténtica declaración de intenciones. El resultado es una especie de juguete cinematográfico desquiciado, paródico y deliberadamente artesanal que parece estar constantemente a punto de desmontarse delante de nuestros ojos, pero que consigue mantenernos atrapados en su peculiar universo.
Eso sí, aquí hay que estar con los cinco sentidos puestos, porque la película no está precisamente interesada en llevarnos de la manita. Su laberinto de clones, dimensiones y situaciones cada vez más absurdas puede provocar más de un cortocircuito neuronal, especialmente cuando la trama empieza a retorcerse sobre sí misma hasta convertir el desconcierto en parte fundamental de la experiencia.
Bulk no es una película que busque gustar a todo el mundo, ni falta que le hace. Es una locura de ciencia ficción hecha con cuatro duros, toneladas de imaginación y una voluntad de llevar la experimentación hasta sus últimas consecuencias. Tan desconcertante como fascinante, tan cutre como ingeniosa, es de esas películas que pueden hacerte mirar al compañero de butaca con cara de «¿pero qué coño estamos viendo?» mientras, al mismo tiempo, no puedes apartar la mirada. Un viaje tan desconcertante como fascinante y con los mejores créditos finales del festival.
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