21/7/16

INFIERNO AZUL


ESTADOS UNIDOS, 2016

TÍTULO ORIGINAL: The Shallows
DIRECTOR: Jaume Collet-Serra
PRODUCTOR: Lynn Harris, Matti Leshem
GUIÓN: Anthony Jaswinski
REPARTO: Blake Lively, Óscar Jaenada, Brett Cullen
DURACIÓN: 86 minutos
WEB: http://www.theshallows-movie.com/site/
IMDB: http://www.imdb.com/title/tt4052882/

VALORACIÓN6.75/10

PURO ENTRETENIMIENTO VERANIEGO




Una joven mujer decide irse a la costa a surfear tras la muerte de su madre. Tras varias desgraciadas coincidencias que la ubicarán en una playa aislada y retenida a 20 metros de la arena en una boya, la mujer tendrá que encontrar la manera de sobrevivir antes de sucumbir a sus heridas y, sobre todo, evitar ser devorada por un gran tiburón blanco.
Disfrutar de una buena película en una sala de cine es un lujazo en cualquier época del año, eso es un hecho. Pero para mí, en verano, se disfruta el doble. Me explico, soy de esas personas que odian con toda su alma que haga calor, es superior a mí desde que tengo uso de razón, prefiero cualquier época del año antes que el puñetero, sofocante y agobiante verano. Por eso, cuando llega el fin de semana y uno quiere distraerse un rato, casi cualquier plan callejero queda anulado al instante por culpa de la temperatura y algo como ir al cine, que de por si disfruto, se convierte casi en un momento de éxtasis al poder disfrutar de una película (sea cual sea) en una sala acondicionada y fresquita sin tener que freírme vivo en una terraza o verla/sufrirla en casa delante de un ruidoso y poco eficaz ventilador de los chinos.


Al margen del desahogo personal, ¿tiene esto algo que ver con la nueva película de Jaume Collet-Serra? En parte si, por que Infierno Azul (o The Shallows) es el título perfecto para los que, como yo, estéis hasta las narices de derretiros hagáis lo que hagáis y queráis meteros en la oscuridad y el frescor que brinda una sala de cine para ver un título que sin haceros pensar demasiado ni devanaros los sesos os distraiga durante 90 minutos y consiga manteneros con los ojos pegados a la pantalla, pendientes de que ocurrirá en todo momento. 
Infierno Azul está lejos de ser la película de supervivencia maestra y definitiva, pero no nos importa, porque lo cierto es que ni siquiera lo intenta. Es un puro entretenimiento veraniego, perfecto como ya he dicho para renegar del calor por un rato y dejarse llevar por su estilo videoclipero mientras nos perdemos en sus atractivas imágenes a la vez que nos mordemos las uñas pensando en cómo y por donde saldrá el tiburón la próxima vez. Collet-Serra tiene muy claro el tipo de producto que es, sabe exprimirlo y nos da lo que promete con creces, lo que no le exhibe de tener varios puntos que no terminan de encajar y que nombrare más abajo.


La película arranca con una leve presentación de Nancy, en pocos minutos nos hacemos una idea de cómo es (y por qué esta surfeando en una playa situada donde Jesucristo perdió su chancla) además de mostrarnos el idílico y maravilloso entorno en el que se encuentra. Con un estilo casi de videoclip y predominando siempre lo visual por encima de todo lo demás, toda esta primera parte es un puro espectáculo de imágenes potentes y música moderna que bien podría pertenecer a un documental sobre el surf de Discovery Channel, donde el mar, la playa y hasta nuestra protagonista se lucen en atractivos planos en los que es fácil perderse. Todos sabemos lo que está por venir y el director juega con ello haciéndonos dudar de cuando y como ocurrirá el desastre que cambiara el tono de todo lo que estamos viendo, pero hasta que eso pase sabe sacarle el máximo partido a los elementos de los que dispone.
Cuando el tiburón aparece y las circunstancias dejan a Nancy atrapada (sin dejar nunca de lado el apartado visual) es cuando la cosa se pone interesante a nivel argumental y nos hacemos miles de veces la clásica pregunta de ¿que haría yo? en cada situación que le toca vivir a la protagonista, y básicamente en eso consiste el juego que nos propone Infierno Azul.


Como ya he dicho no es, ni mucho menos, el survival por excelencia, aquí no prima precisamente lo realista, esto es un blockbuster veraniego, un espectáculo puramente cinematográfico que aun y con todos sus tramos inverosímiles nos mantiene pegados a la butaca con una tensión palpable, siempre alerta, tal y como lo está Nancy. Uno de los mayores errores que podríamos cometer es estar pendiente de que es creíble y que no durante el visionado (o yo por lo menos lo veo así) porque de esa manera es imposible disfrutar de lo que nos ofrece, básicamente porque lo que nos están ofreciendo es algo totalmente diferente.
Jaume Collet-Serra tiene interés en que mantengamos la tensión y lo pasemos mal en las escenas de falsa calma, pero también quiere ofrecernos un espectáculo potente, no nos plantea dudas existenciales sobre la protagonista, ni el por qué el tiburón se ofusca tanto con ella, ni si quiera el calvario físico que sufre la misma es del todo creíble (solo hay que verla nadar estando ya herida) solo quiere que nos metamos en una situación angustiosa desde la comodidad (y el frescor, no me canso de decirlo) de una sala de cine y nos dejemos llevar por ella a la vez que nos mete imágenes espectaculares.


Esto tiene sus fallos, obviamente, y es que Infierno Azul funciona estupendamente como pasatiempo donde dejar la mente fuera durante gran parte de su metraje, pero en su último tercio el nivel de credibilidad termina siendo tan bajo que hasta con el chip apagado desentona un poco, llegando un final hollywoodiense que casi nos lo grita en la cara, por no hablar de que se traiciona hasta la propia naturaleza del tiburón, pasando de animal defendiendo su coto de caza (algo lógico) a casi parecer un psicópata ofuscado con su final-girl. Eso sí, visualmente y a nivel de entretenimiento ninguna queja, todo se luce de maravilla en pantalla grande.
Uno de los pilares en los que se sostiene Infierno Azul, evitando que la propia naturaleza de la película termine fastidiándola, es la presencia de Blake Lively, protagonista única y absoluta (aparte del tiburón) sobre la que se sostiene la cinta de principio a fin. Si ella fallaba, la cinta se iba al garete por mucho que el acabado visual y el ritmo fueran de lo más potentes, por suerte la actriz californiana ofrece una interpretación sólida y bastante seria teniendo en cuenta lo fácil que hubiera sido caer en exageraciones, sobre todo si tenemos en cuenta que en su primer tercio se nos presenta más como un pedazo de carne listo para ser comido más que como una persona, pero poco a poco va formándose como personaje, con la dificultad extra de que al margen de una gaviota, está sola y sin nadie para darle la réplica. Se toma más en serio el papel que el propio Collet-Serra la película en sí y eso hace que nos involucremos con su calvario y empaticemos con ella hasta cuando toma decisiones algo cuestionables.


En rasgos generales Infierno Azul funciona y como ya he dicho es un título perfecto para dejarse llevar por él y sentarse a disfrutar de una sesión de cine sin pretensiones y cargado de tensión, donde se antepone el espectáculo y el entretenimiento a la realidad (a veces demasiado) y que cuenta con un acabado técnico y visual maravilloso, da gusto ver un tiburón que no cante a CGI por todos lados entre tanto maltrato al género por parte de los títulos de Asylum. La película se pasa en un suspiro y no pretende ser más de lo que realmente es, pero puede decepcionar a los que esperaran un acercamiento algo más maduro y realista a la situación que nos propone, ya que para poder disfrutar de Infierno Azul en todo su esplendor es necesario dejar fuera esa parte cojonera del cerebro que nos hace sacarle la puntilla a todo, hay que perderse en ella y disfrutar de la hora y veinte de entretenimiento que nos propone y no intentar ver en ella más de lo que realmente es, un puro blockbuster veraniego.
Lo mejor: la dirección de Collet-Serra es estupenda, exprime al máximo los elementos de los que dispone y le da un acabado visual espectacular. Pese a que el guion no sea gran cosa, el nivel de entretenimiento nunca decae y la interpretación de Blake Lively levanta algunas escenas que podrían resultar de chiste por culpa de la inverosimilitud de lo que nos muestran.

Lo peor: exigirle algo más de lo que realmente podría ser uno de las mayores errores, si nos ponemos a sacar la puntilla acabaremos destrozándola. Aun y con todo, si es cierto que la última parte canta un poco respecto al resto de metraje, dando la sensación de que llegados a cierto punto ya no importa si todo es un sinsentido siempre que sea espectacular para la vista.