IMDB: https://www.imdb.com/es-es/title/tt32205896/90490/
VALORACIÓN: 7/10
FESTIVAL DEL MAL GUSTO
El Festival B-Retina nos ha brindado la oportunidad de disfrutar de uno de esos festines del mal gusto y la depravación que parecen diseñados específicamente para que un puñado de mentes enfermas se sienten juntas en una sala y salgan de ella con una sonrisa de oreja a oreja. Y Fuck my son! es exactamente eso, una guarrada monumental que no tiene el más mínimo interés en caer bien.
Adaptación del cómic de Johnny Ryan, esta película llega además con la correspondiente calificación X, algo que probablemente no sorprenda demasiado a cualquiera que se haya acercado mínimamente a su propuesta. Aquí no hay intención de rebajar el tono ni de buscar excusas para justificar las barbaridades que vamos a encontrarnos. Todo está puesto sobre la mesa y, preferiblemente, bien pringado.
La premisa ya nos deja bastante claro por dónde van a ir los tiros, una madre secuestra a una mujer y a su hija con el objetivo de que su monstruoso hijo pueda perder la virginidad. Y a partir de aquí comienza una sucesión de situaciones cada vez más incómodas, bizarras y pasadas de vueltas, en las que el humor negro, el sexo y la depravación se dan la mano para intentar superar constantemente el nivel de salvajismo alcanzado en la escena anterior.
Porque si algo tiene Fuck my son! es que no necesita demasiado argumento para funcionar. De hecho, prácticamente no necesita argumento. Su razón de ser es el gag, la incomodidad y ese constante ¿pero qué cojones estamos viendo? que nos acompaña durante buena parte del metraje. Es cine de explotación llevado al terreno de la gamberrada más desvergonzada, una sucesión de barbaridades que abraza su condición de película X y decide pisar el acelerador hasta el fondo.
Cuando parece que ya hemos alcanzado el techo de la inmundicia, todavía encuentra alguna manera de aumentar la apuesta. Y cuando finalmente llega el momento de poner punto final a esta locura, decide que un desenlace convencional sería demasiado aburrido y nos regala varios finales a cada cual más absurdo, excesivo y desquiciado. Porque si has llegado hasta aquí, ¿qué sentido tendría terminar la película con un poco de dignidad? Ninguno.
Fuck my son! es una película hecha para provocar, incomodar y arrancar alguna que otra carcajada culpable. No pretende esconder sus cartas y tampoco necesita hacerlo. Es sucia, desagradable, bizarra, cafre y, sobre todo, tremendamente consciente de lo que quiere ofrecer. Puede que para muchos espectadores sea una auténtica prueba de resistencia, pero para quienes disfrutamos de las propuestas más pasadas de rosca del cine de género, este tipo de locuras tienen un encanto especial.
A veces uno simplemente quiere sentarse en una sala, ver una auténtica barbaridad y salir pensando que acaba de presenciar algo que difícilmente podría haber imaginado antes de darle al play. Y en eso, amigos, Fuck my son! cumple de sobra. Todo bien para nuestras mentes enfermas.
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